La Argentina participa en la Federación Latinoamericana de la Magistratura (FLAM) y en la Unión Internacional de Magistrados (UIM) por medio de una representación compartida entre la Federación Argentina de la Magistratura (FAM), y la Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia Nacional. El santafesino Ariel Ariza, presidente de la FAM, es, por esa razón, el anfitrión principal de las reuniones que las organizaciones internacionales de jueces mencionadas celebran en Rosario desde el domingo y hasta hoy. En ese ámbito, Ariza reflexionó sobre el fenómeno de la corrupción que también involucra a la propia magistratura y la importancia de las reglas éticas. “Es sano que los magistrados cuestionemos nuestro comportamiento”, dijo a LA GACETA antes del comienzo de las asambleas desarrolladas en el coqueto Puerto Norte Design Hotel.
-¿Para qué sirven los encuentros de la FLAM y de la UIM?
-Se habla de la necesidad de modernizar los sistemas judiciales para salir de la percepción de que los Tribunales están detenidos en el tiempo. Pero todas estas líneas de acción tienen sentido si los poderes judiciales pueden sostener esencialmente su independencia de los otros ámbitos del Estado, y de factores externos e internos. En Honduras, Guatemala, El Salvador, Bolivia y Venezuela la situación es muy difícil, por eso estos foros buscan conocer las experiencias ajenas y promover medidas conjuntas.
-Usted, en su condición de juez rosarino, ha tenido que alertar sobre las amenazas que recibieron sus pares que investigaron y juzgaron a narcotraficantes. ¿Está avanzando la violencia contra la magistratura argentina?
-El año pasado tuvimos una situación inédita en el país de ataques sistemáticos a ex domicilios de jueces rosarinos (ligados al enjuiciamiento de la banda de Los Monos). La FLAM vino a esta ciudad y hubo una reacción institucional. Ha aumentado la contrainteligencia respecto de estos grupos criminales y en algunos casos hubo determinación de responsabilidad. El fenómeno ha sido mitigado y no presenta tantas similitudes con las agresiones contra jueces que pudimos ver, por ejemplo, en México, pero sí tuvo en vilo al Poder Judicial santafesino.
-Existe un movimiento para modernizar la Justicia. ¿Se ve la misma iniciativa para transformar la Policía?
-Los poderes ejecutivos saben que la Policía no puede estar siempre a la zaga de la criminalidad. Pero es lo que generalmente ocurre: las bandas disponen de recursos tecnológicos que a veces superan a las fuerzas estatales de seguridad. Estamos llamando la atención sobre eso y la necesidad de ser firmes respecto de la corrupción policial.
-La corrupción es clave en América Latina. ¿Cómo hay que enfrentar la corrupción de jueces y fiscales, que es la que impide esclarecer la corrupción política, empresarial, sindical, etcétera?
-En la FAM nosotros defendemos a los jueces que trabajan bien, cosa que implica saber el derecho y aplicarlo, y tener una integridad ética incondicional. La existencia de indicios de posibles hechos de corrupción que impliquen a colegas debe dar lugar al establecimiento rápido de las responsabilidades que correspondan. No puede quedar un manto de duda. La transgresión de una disposición legal o ética merece ser sancionada. Tenemos que enfrentar el problema de la corrupción y, para eso, debemos estar consistentemente preparados porque los avances generan represalias. Es bueno mirar hacia adentro así como es sano que los jueces cuestionemos nuestro comportamiento.
-La entidad que usted preside advirtió hace poco que los Tribunales Federales de Comodoro Py no son toda la Justicia argentina…
-Sí, es un momento especial en el país. Falta confianza en los sistemas judiciales. El presidente de la Corte de la Nación (Carlos Rosenkrantz) diagnosticó que existe una crisis de legitimidad. No sé si son las palabras adecuadas, pero la verdad es que los medios nacionales miran y analizan tres o cuatro causas de la Justicia Federal de la capital, y sus miradas y análisis repercuten en la percepción del Poder Judicial del resto del país. Nosotros tenemos el deber de decir que hacemos muchas otras cosas y de tratar de que no nos lleven puestos los índices de desconfianza fundados en una pocas causas penales.